Mis padres siempre me lo han dicho: ventilar es importante. 2020 me lo confirmó. El descubrimiento de que el coronavirus se contagia por aerosoles ha llevado a un renovado interés por la calidad del aire en interiores: en espacios de trabajo como oficinas, en escuelas, en casa. La solución suele ser muy sencilla. Salvo en lugares muy contaminados o con mala arquitectura, ventilar es una solución de baja tecnología, normalmente más eficaz e infinitamente más barata que usar sistemas de purificación de aire.

Este año he leído, escuchado y experimentado mucho con la calidad del aire en interiores. Aquí mis conclusiones.

Resumen, TL;DR

La calidad del aire en los hogares suele ser bastante mala. Para mantener un aire saludable, ventila durante 10 minutos varias veces al día, y también cuando (o después de que) cocines o limpies.

Por qué ventilar: los contaminantes domésticos

Durante los últimos años nos ha preocupado mucho la calidad del aire en las ciudades. En Madrid prestamos atención a los niveles de ozono, óxidos de azufre y de nitrógeno, y partículas en suspensión, normalmente relacionados con la combustión de coches o de la calefacción. Pero nada de esto suele ser útil para evaluar la calidad del aire en los hogares.

Dos de los principales contaminantes en cualquier hogar son:

  • Dióxido de carbono: lo emitimos los humanos al respirar. No es demasiado tóxico, pero niveles altos pueden generar malestar y dar somnolencia. Los valores más saludables, los del exterior, están en torno a las 400 partes por millón (ppm); es recomendable que no superen las 1.000 ppm, lo cual es muy frecuente en los hogares_._ (Fuente) Prueba poco científica: si «huele a tigre», es probable que los niveles de CO2 sean demasiado elevados.
  • Compuestos orgánicos volátiles (VOC): en casa, normalmente los emiten los productos de limpieza, ambientadores y objetos nuevos. El que más atención suele recibir es el formaldehído, un químico que pueden emitir los muebles nuevos o algunas pinturas.

Por supuesto, la contaminación exterior también puede afectar a la calidad del aire doméstico. En situaciones de alta contaminación atmosférica, se suele aconsejar mantener las ventanas cerradas. Sin embargo, en circunstancias normales, al menos en ciudades europeas, es probable que la calidad del aire interior sea peor que la del exterior. Puedes ver los niveles de contaminación en ciudades por todo el mundo en IQAir.

No hace falta decir que la misma ventilación que limpia el aire de químicos, también lo hace de otros elementos como bacterias, mohos y virus, como el coronavirus. Pero mi interés se centra más en la calidad del aire en un entorno doméstico habitual libre de virus, donde estamos pasando más horas que nunca este 2020.

(Aparte: aunque no es un contaminante, la humedad también juega un papel importante en el bienestar en el hogar. Se suele recomendar un 50-60% de humedad relativa en los hogares. También puede ser importante controlarla en lugares muy húmedos para evitar la aparición de moho, que puede ser nocivo.)

Cómo ventilar: poco tiempo, muchas veces

Tanto el dióxido de carbono como los compuestos volátiles se acumulan en el aire con el paso de las horas. Sin embargo, basta con ventilar unos minutos para limpiar el aire.

En mayo, anticipando el largo periodo de tiempo que pasaría en casa en los meses siguientes, me animé a hacer un pequeño experimento: me hice con una pequeña Raspberry Pi y un sensor de calidad del aire, que mide precisamente esos dos indicadores. Durante estos meses he estado recogiendo datos y evaluando el impacto de la ventilación en los niveles de contaminantes. No sé hasta qué punto mis sensores están bien calibrados, pero he podido sacar algunas conclusiones sólidas y coherentes con recomendaciones más científicas. He usado el nivel de CO2 equivalente que ofrece mi sensor como indicador proxy para medir el impacto de la ventilación en la calidad del aire en mi casa.

En una línea: ventila durante unos minutos unas cuantas veces al día.

¿Cuántos minutos? Dependerá de algunas variables, como tu capacidad de generar corriente en casa y el viento que haya en el exterior. En mi casa, en Madrid, consigo renovar el aire en un máximo de 10 minutos, incluso sin viento en verano, desplomándose la concentración de dióxido de carbono desde unas 1.500 ppm a menos de 400 ppm. Ahora en invierno, puedo renovar el aire de casa en apenas 3 minutos. Ajustar el tiempo de ventilación en la medida de lo posible en veranos cálidos e inviernos fríos permite ahorrar energía.

Pero también es importante hacerlo varias veces al día. Los niveles vuelven a subir en unas pocas horas. En casa, solemos hacerlo al menos por la mañana y antes de ir a dormir, pero también intentamos ventilar una tercera vez a lo largo del día.

Mis conclusiones parecen en línea con las recomendaciones que he leído, si bien contradicen el hábito de mis padres, e intuyo que de más gente, de ventilar una sola vez al día durante más tiempo.

Puedes ver el código y más información sobre mi pequeño experimento en el repositorio de GitHub.

Cuándo ventilar: varias veces al día, y siempre que cocines o limpies

Además de como rutina, puede ser necesario ventilar cuando se realizan algunas actividades domésticas. Emily Anthes, autora de The Great Indoors: The Surprising Science of How Buildings Shape Our Behaviour, Health and Happiness, identifica dos momentos clave en los que generamos muchos contaminantes en el hogar: cuando cocinamos y cuando limpiamos. Mantener una ventana abierta o ventilar cuando terminamos es importante.

Consejo de amigo: ¿Limpias con lejía? Usa agua fría y ventila. El cloro de la lejía es particularmente volátil. Diluyéndola en agua caliente, vas a acabar respirando el cloro con el que creías que ibas a desinfectar.

Si ventilar no es posible o suficiente: purificadores de aire

He evaluado mis circunstancias, y he decidido que la simple ventilación soluciona los problemas de calidad de aire en mi casa. Pero entiendo que no siempre es posible ventilar, bien por limitaciones arquitectónicas, bien por los niveles altos de contaminación en el exterior (un problema recurrente en Asia y Oriente Medio, y en menor medida en cualquier ciudad del mundo). En estos casos, puede ser útil recurrir a sistemas de purificación del aire.

Estos sistemas también pueden ser útiles para mantener el aire limpio de alérgenos, bacterias (como el moho) o virus (como nuestro querido coronavirus), algo interesante en algunos climas y ambientes o para personas alérgicas. De todo esto se encarga el célebre filtro HEPA. En realidad, los purificadores no son más que ventiladores que hacen circular el aire ambiente a través de estos filtros.

De forma adicional, algunos sistemas utilizan filtros de carbón activo, que sirven para atrapar los compuestos volátiles que mencioné antes. Ninguno de estos filtros recogen el dióxido de carbono: la ventilación sigue siendo el mejor modo de reducir los niveles de CO2.

Philips, Levoit o Xiaomi son algunos fabricantes conocidos de estos sistemas disponibles en el mercado español. El modelo de negocio me recuerda un poco al de las impresoras: tan importante es mirar el precio del aparato como el de los cartuchos filtros.

Aparatito hecho con Raspberry Pi y piezas de LEGO. En la pantalla se ven los valores de los sensores de calidad del aire y una llamita. ¡Está vivo!

Mi querido engendro, al que he llamado Calcifair en honor al demonio de El castillo ambulante. Esta era la pinta que tenía a finales de mayo. Por ahora lee los valores de CO2 y VOC totales, los reporta a Adafruit IO (hasta que se cansa después de unas horas) y me avisa por Telegram cuando los valores son demasiado altos o cuando vuelven a la normalidad después de ventilar. El código tendrá mil fallos, pero me lo he pasado bien escribiéndolo.